martes, 9 de octubre de 2007

Chato


No sabía que un gato podría llegarme a gustar tanto hasta que conocí al "Chato". Estudiaba todavía en la Universidad cuando de repente en una clase sentí un cosquilleo en mis piernas. Me sobresalté porque por lo general le temo a los insectos y creí que era uno. Cuando vi al Chato pensé que sería uno de eso gatos callejeros que se había colado a la Universidad. Pero luego lo empecé a ver dormido en los estantes o simplemente caminando por los pasillos. Siempre sereno, siempre parsimonioso. Las veces que me lo permitió, pude acariciar su pelo, que por lo general estaba sucio y arenoso.
Poco a poco nos fuimos haciendo 'amigos'. Un día se dejó cargar por mi en medio de una clase de psicología. Lo tuve un buen tiempo sobre el pupitre hasta que uno de mis compañeros le jaló la cola y casi logra herirme con sus garritas. Pasaron algunos meses para que el Chato perdonara el desatino de mi vecino. Cuando hicimos las pases volvió a permitir que lo cargara. Así pasaron alrededor de ocho meses.
En una de esas se acercó una vacación en la que nos ausentaríamos de clases por varios días. Le pregunté al ordenanza a quien pertenecía ese gato y me dijo que a él. Luego indagué sobre quien lo cuidaría durante la vacación y me dijo que nadie, que simplemente él iba a dejarle abierto un espacio para que pudiera salir a cazar alguna cosa para comer.
Me dio muchísima pena y le pregunté a quemarropa si me lo podía llevar a mi casa. Ante mi sorpresa me dijo que si sin pensarlo y yo no dudé ni un segundo en cargarlo antes que el tipo cambiara de opinión.
Mi cuñado que nos llegó a traer a la Universidad ese día a mi hermana y a mi, me prestó una camiseta que andaba en su auto para envolverlo por si se quería escapar. Tuve la mala suerte de que él tuviera que pasar por la lavandería antes de irnos a dejar a casa, porque en la espera, el Chato se nos escapó en el estacionamiento del centro comercial donde funcionaba la lavandería.
Fueron momentos de angustia porque se nos perdió y yo me sentía muy culpable de haberlo sacado de 'su casa'. Como media hora después de buscarlo, alcancé a verle la colita que salía del motor de un vehículo que estaba ahí estacionado. Movimos el auto y el se salió despacio y sin poner resistencia se dejó cargar de nuevo hacia nuestro vehículo. Ya en marcha se volvió a descontrolar (de seguro no le había tocado aún un viaje en auto) y acabé esa tarde con muchos arañazos en el cuello y la cara. (Y ni hablar del olor en el auto de mi cuñado¡¡).
Mi pobre gato pasó encerrado en el baño durante aproximadamente tres días. No porque yo no lo dejara salir, sino porque le daba pánico recorrer su nuevo hogar. Además no quería comer. Probé con toda clase de pescaditos, comida para gato, comida casera, leche, y todo lo que me recomendaron y nada.
Cuando el hambre, la resignación o algo que nunca voy a saber lo venció, salió. Primero recorrio el patio y tomó un poco de agua. Después le pasó lista a toda la casa (que no era muy grande) y al final se dirigió hacia su platito de comida. Le di lo que había y comió como siempre, despacio.
Pasamos un buen tiempo llevándonos muy bien y conociéndonos. Estaba en cada lugar de la casa en que estaba yo. Se aseguraba de tenerme siempre a la vista. Cuando salía a parrandear regresaba a los tres o cuatro días, muy sucio, muy flaco y con alguna que otra herida que me hacía salir corriendo con él donde el veterinario. Cuando no lo dejaba salir, se las arreglaba para orinarse en las cosas que yo ocupaba a menudo. Desde zapatos, hasta mi bolsón con los libros de la Universidad. (A los que por cierto nunca se les quitó el olor característico y penetrante del orín de gato). A veces dormía conmigo y veíamos juntos la televisión.

Vivimos juntos aproximadamente 6 años. Hasta que un día, para una vacación en la que me ausenté un par de semanas, se salió de la casa y se comió un ratón envenenado. El vigilante de la colonia se lo comentó a alguien de la casa. Él mismo lo vió morir y lo enterró en la zona verde que está enfrente de la casa donde vivíamos. Fueron días muy tristes. Han pasado siete años de eso y no he podido tener otra mascota.
Cuando me decida adoptar otro animalito estoy segura que será un gato.


2 comentarios:

Herberth Cea dijo...

Casualmente o no sé, Chat significa Gato en francés, y Chaton es gatito o gatito bebé.

Jacintah dijo...

Mientras iba leyendo este post presentía que el final sería algo triste, pero qué bueno que pudiste disfrutar del Chato algunos años.
Los gatos son seres realmente especiales.
Saludos.