martes, 27 de noviembre de 2012

27...


"El día vive, el tiempo crece
Tu mirada enfría y el sentido caduca..."
 
Se te extraña pinche Rafa...

jueves, 27 de septiembre de 2012

Otro 27

Ayer leí un post de Santiago donde nos recordaba sin misericordia cómo nos sorprendió con su "natural" descubrimiento de la luna en el Canto de Guerra de las Cosas de Joaquín Pasos. Descubrí sin asombro que todavía se me aja el ánimo cuando lo leo, pero aún así, sigue siendo una balsámica manera de recordar otro 27 desde que Rafa ya no está físicamente. Sin embargo me atrevo a ponerlo aquí en este espacio chiquito que lo conmemora, y para leerlo siempre.

CANTO DE GUERRA DE LAS COSAS
Joaquín Pasos

Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra,
si es que llegáis a viejos,
si es que entonces quedó alguna piedra.


Vuestros hijos amarán al viejo cobre,
al hierro fiel.
Recibiréis a los antiguos metales en el seno de vuestras
familias,
trataréis al noble plomo con la decencia que corresponde a su
carácter dulce;
os reconciliaréis con el zinc dándole un suave nombre;
con el bronce considerándolo como hermano del oro,
porque el oro no fue a la guerra por vosotros,
el oro se quedó, por vosotros, haciendo el papel de niño mimado,
vestido de terciopelo, arropado, protegido por el resentido acero...

Cuando lleguéis a viejos, respetaréis al oro,
si es que llegáis a viejos,
si es que entonces quedó algún oro.

***

El agua es la única eternidad de la sangre.
Su fuerza, hecha sangre. Su inquietud, hecha sangre.
Su violento anhelo de viento y cielo,
hecho sangre.

Mañana dirán que la sangre se hizo polvo,
mañana estará seca la sangre.
Ni sudor, ni lágrimas, ni orina
podrán llenar el hueco del corazón vacío.

Mañana envidiarán la bomba hidráulica de un inodoro palpitante,
la constancia viva de un grifo,
el grueso líquido.

El río se encargará de los riñones destrozados
y en medio del desierto los huesos en cruz pedirán en vano
que regrese el agua a los cuerpos de los hombres.

***

Dadme un motor más fuerte que un corazón de hombre.
Dadme un cerebro de máquina que pueda ser agujereado sin dolor.
Dadme por fuera un cuerpo de metal y por dentro otro
cuerpo de metal
igual al del soldado de plomo que no muere,
que no te pide, Señor, la gracia de no ser humillado por
tus obras,
como el soldado de carne blanducha, nuestro débil orgullo,
que por tu día ofrecerá la luz de sus ojos,
que por tu metal admitirá una bala en su pecho,
que por tu agua devolverá su sangre.
Y que quiere ser como un cuchillo, al que no puede herir
otro cuchillo.
Esta cal de mi sangre incorporada a mi vida
será la cal de mi tumba incorporada a mi muerte,
porque aquí está el futuro envuelto en papel de estaño,
aquí está la ración humana en forma de pequeños ataúdes,
y la ametralladora sigue ardiendo de deseos
y a través de los siglos sigue fiel el amor del cuchillo a la
carne.

Y luego, decid si no ha sido abundante la cosecha de balas,
si los campos no están sembrados de bayonetas,
si no han reventado a su tiempo las granadas...

Decid si hay algún pozo, un hueco, un escondrijo
que no sea un fecundo nido de bombas robustas;
decid si este diluvio de fuego líquido
no es más hermoso y más terrible que el de Noé,
¡sin que haya un arca de acero que resista
ni un avión que regrese con la rama de olivo!

***

Vosotros, dominadores del cristal, he ahí vuestros vidrios
fundidos.
Vuestras casas de porcelana, vuestros trenes de mica,
vuestras lágrimas envueltas en celofán, vuestros corazones
de bakelita,
vuestros risibles y hediondos pies de hule,
todo se funde y corre al llamado de guerra de las cosas,
como se funde y se escapa con rencor el acero que ha
sostenido una estatua.

***

Los marineros están un poco excitados. Algo les turba
su viaje.
Se asoman a la borda y escudriñan el agua,
se asoman a la torre y escudriñan el aire.
Pero no hay nada.
No hay peces, ni olas, ni estrellas, ni pájaros.
Señor capitán, ¿a dónde vamos?
Lo sabremos más tarde.
Cuando hayamos llegado.

Los marineros quieren lanzar el ancla,
los marineros quieren saber qué pasa.
Pero no es nada. Están un poco excitados.

El agua del mar tiene un sabor más amargo,
el viento del mar es demasiado pesado.
Y no camina el barco. Se quedó quieto en medio del viaje.
Los marineros se preguntan ¿qué pasa? con las manos,
han perdido el habla.
No ha pasado nada. Están un poco excitados.
Nunca volverá a pasar nada. Nunca lanzarán el ancla.

***

No había que buscarla en las cartas del naipe ni en los juegos
de la cábala.
En todas las cartas estaba, hasta en las de amor y en las
de navegar.
Todas los signos llevaban su signo.
Izaba su bandera sin color, fantasmas de bandera para ser
pintada con colores de sangre de fantasma,
bandera que cuando flotaba al viento parecía que flotaba el
viento.
Iba y venía, iba en el venir, venía en el yendo, como que si
fuera viniendo.
Subía, y luego bajaba hasta en medio de la multitud y
besaba a cada hombre.
Acariciaba cada cosa con sus dedos suaves de sobadora
de marfil.
Cuando pasaba un tranvía, ella pasaba en el tranvía;
cuando pasaba una locomotora, ella iba sentada en la trompa.
Pasaba ante el vidrio de todas las vitrinas,
Sobre el río de todos los puentes,
por el cielo de todas las ventanas.
Era la misma vida que flota ciega en las calles como una
niebla borracha.
Estaba de pie junto a todas las paredes como un ejército de
mendigos,
era un diluvio en el aire.
Era tenaz, y también dulce, como el tiempo.

***

Con la opaca voz de un destrozado amor sin remedio,
con el hueco de un corazón fugitivo,
con la sombra del cuerpo
con la sombra del alma, apenas sombra de vidrio,
con el espacio vacío de una mano sin dueño,
con los labios heridos
con los párpados sin sueño,
con el pedazo de pecho donde está sembrado el musgo del
resentimiento y el narciso,
con el hombro izquierdo
con el hombro que carga las flores y el vino,
con las uñas que aún están adentro
y no han salido,
con el porvenir sin premio con el pasado sin castigo,
con el aliento,
con el silbido,
con el último bocado de tiempo, con el último sorbo de
líquido
con el último verso del último libro.
Y con lo que será ajeno. Y con lo que fue mío.


***

Somos la orquídea de acero,
florecimos en la trinchera como el moho sobre el filo de la
espada,
somos una vegetación de sangre,
somos flores de carne que chorrean sangre,
somos la muerte recién podada
que florecerá muertes y más muertes hasta hacer un
inmenso jardín de muertes.
Como la enredadera púrpura de filosa raíz,
que corta el corazón y se siembra en la fangosa sangre
y sube y baja según su peligrosa marea.

Así hemos inundado el pecho de los vivos,
somos la selva que avanza.
Somos la tierra presente. Vegetal y podrida.
Pantano corrompido que burbujea mariposas y arco-iris.
Donde tu cáscara se levanta están nuestros huesos llorosos,
nuestro dolor brillante en carne viva,
oh santa y hedionda tierra nuestra,
humus humanos.

Desde mi gris sube mi ávida mirada,
mi ojo viejo y tardo, ya encanecido,
desde el fondo de un vértigo lamoso
sin negro y sin color completamente ciego.
Asciendo como topo hacia el aire
que huele mi vista,
el ojo de mi olfato, y el murciélago
todo hecho de sonido.

Aqui la piedra es piedra, pero ni el tacto sordo
puede imaginar si vamos o venimos,
pero venimos, sí, desde mi fondo espeso,
pero vamos, ya lo sentimos, en los dedos podridos
y en esta cruel mudez que quiere cantar.

Como un súbito amanecer que la sangre dibuja
irrumpe el violento deseo de sufrir,
y luego el llanto fluyendo como la uña de la carne
y el rabioso corazón ladrando en la puerta.
Y en la puerta un cubo que se palpa
y un camino verde bajo los pies hasta el pozo,
hasta más hondo aún, hasta el agua,
y en el agua una palabra samaritana
hasta más hondo aún, hasta el beso,
Del mar opaco que me empuja
llevo en mi sangre el hueco de su ola,
el hueco de su huida,
un precipicio de sal aposentada.

Si algo traigo para decir, dispensadme,
en el bello camino lo he olvidado.
Por un descuido me comí la espuma,
perdonadme, que vengo enamorado.

Detrás de ti quedan ahora cosas despreocupadas, dulces.
Pájaros muertos, árboles sin riego.
Una hiedra marchita. Un olor de recuerdo.
No hay nada exacto, no hay nada malo ni bueno,
y parece que la vida se ha marchado hacia el país del trueno.

Tú, que vista en un jarrón de flores el golpe de esta fuerza,
tú, la invitada al viento en fiesta.
tu, la dueña de una cotorra y un coche de ágiles ruedas, sobre
la verja
tú que miraste a un caballo del tiovivo
y quedar sobre la grama como esperando que lo montasen
los niños de la escuela,
asiste ahora, con ojos pálidos, a esta naturaleza muerta.

Los frutos no maduran en este aire dormido
sino lentamente, de tal suerte que parecen marchitos,
y hasta los insectos se equivocan en esta primavera
sonámbula, sin sentido.

La naturaleza tiene ausente a su marido.
No tienen ni fuerzas suficientes para morir las semillas del
cultivo
y su muerte se oye como el hilito de sangre que sale de
la boca del hombre herido.

Rosas solteronas, flores que parecen usadas en la fiesta del olvido,
débil olor de tumbas, de hierbas que mueren sobre mármoles
inscritos.
Ni un solo grito. Ni siquiera la voz de un pájaro o de un niño
o el ruido de un bravo asesino con su cuchillo.
¡Qué dieras hoy por tener manchado de sangre el vestido!
¡Qué dieras por encontrar habitado algún nido!
¡Qué dieras porque sembraran en tu carne un hijo!

***

Por fin, Señor de los Ejércitos, he aquí el dolor supremo.
He aquí, sin lástimas, sin subterfugios, sin versos,
el dolor verdadero.
Por fin, Señor, he aquí frente a nosotros el dolor parado
en seco.
No es un dolor por los heridos ni por los muertos,
ni por la sangre derramada ni por la tierra llena de lamentos
ni por las ciudades vacías de casas ni por los campos llenos de
huérfanos.
Es el dolor entero.
No pueden haber lágrimas ni duelo
ni palabras ni recuerdos,
pues nada cabe ya dentro del pecho.
Todos los ruidos del mundo forman un gran silencio.
Todos los hombres del mundo forman un solo espectro.
En medio de este dolor, ¡soldado!, queda tu puesto
vacío o lleno.
Las vidas de los que quedan están con huecos,
tienen vacíos completos,
como si se hubieran sacado bocados de carne de sus cuerpos.
Asómate a este boquete, a éste que tengo en el pecho,
para ver cielos e infiernos.
Mira mi cabeza hendida por millares de agujeros:
a través brilla un sol blanco, a través un astro negro.
Toca mi mano, esta mano que ayer sostuvo un acero:
¡puedes pasar en el aire, a través de ella, tus dedos!
He aquí la ausencia del hombre, fuga de carne, de miedo,
días, cosas, almas, fuego.
Todo se quedó en el tiempo. Todo se quemó allá lejos.






Se te extraña Rafa... igual, intacto, completo.

martes, 26 de junio de 2012

Brochure 2012 del Club de la Buena Estrella

Comparto este brochure por si alguien se anima a acompañar las lecturas de este año del Club de la Buena Estrella a través de este blog o del Facebook o de Twitter...


jueves, 10 de mayo de 2012

Día de la madre...



De nuevo este día triste por partida doble... de nuevo el mismo poema...


Mujer sin milagros
¿Cómo se derrumbó tu instinto?
¿Derrumbaste también el mío?
Un día cualquiera te quitaste las cadenas de la cordura
Cuatro niñas y un hombre que lloraban por nada
Frente a un horizonte que por fin encontraba el equilibrio
Robaste cosas que nunca te pertenecieron
Cosas como el instinto para criar
¿De qué te sirven ahora las miradas?
  

viernes, 27 de abril de 2012

Un año...




Es curioso cómo se cierran algunos círculos. El último día que Rafael estuvo en la funeraria, el día viernes 29 de abril de 2011, estuve cumpliendo exactamente cuatro años desde que llegué por primera vez a La Casa del Escritor. Fue ese día que conocí a Rafa. Sus ojos enormes me impresionaron y su mirada profunda me intimidó. “Carne fresca” les dijo a los compañeros que estaban ahí. 

- Hola. Soy Loida Pineda.
- Ya se -me dijo-.

Yo llegué con alrededor de 32 "poemas" y salí de ahí con 6 versos. Los 6 versos que me han hecho sentir orgullo hasta el día de hoy porque eran los que “funcionaban”. A partir de ese domingo, seguí asistiendo al taller, y sin darme cuenta, me comencé a sentir en familia.

Ahora, a exactamente un año de su partida, sigue doliendo... mucho.

Como era el estilo de Rafa, no me trató a su manera, sino a la mía. Ahora, visto en retrospectiva, me he dado cuenta que se acomodó a cada uno para llegarle por su lado. En mi caso me maltrató, -como a él le gustaba decir-, porque en una maratón de casi 6 horas me hizo escuchar todo tipo de música, y leer a los “dioses” antes de que yo pudiera mostrarle mis textos. Por supuesto que después de leer a César Vallejo, Vicente Huidobro, Joaquín Pasos, Federico García Lorca y otros, yo no quería sacar mis versos. Pero Rafa me hizo leer en voz alta lo que yo había escrito, y me pude dar cuenta, a golpe de comparación, de por donde andaban mis vacíos y ver con mayor claridad el ripio del que podría prescindir.

Aunado a la sed de saber si lo que escribía era poesía, y si estaba bien o mal, estaba el hecho de estar pasando por una situación personal deplorable. En una ocasión le dije que cuando llegué a La Casa llevaba a mis espaldas los trozos de mi que había recogido del suelo y que no hallaba que hacer con ellos. Así que eso contribuyó a que poco a poco Rafael se fuera convirtiendo no solo en mi mentor, sino también en mi amigo y confidente. Conocía los pormenores de mis lamentos, y lo que no le alcanzaba a decir con mi voz, se lo decían mis versos.

En una ocasión cuando leímos en grupo mis primeros 14 poemas, él se dio cuenta que tenían un denominador común. En todos había una palabra o una frase que dulcificaba el resto del escrito, a eso él le llamó “Loidazo” y se empezó a utilizar no solo en mis poemas sino también en otros cuando salían con alguna cosa dulce. Y cuando teníamos uno de esos versos que te hacen erizar la piel, por supuesto que era un “Vergazo!”.


Se esforzaba porque siempre sintiéramos "Orgullo por el oficio", y ver ese orgullo en sus ojos es algo que siempre voy a extrañar.

Decía que mi madre me había educado bien porque me sabía boleros de esos que solo se escuchan en burdeles de mala muerte... así que era frecuente que al coincidir en algún sitio, en vez de saludarme comenzara a cantar: "Fue en un cabaret donde te encontré bailandoooo... vendiendo tu amor, al mejor postor soñaaaando..." y nos abrazábamos y todo y seguía con la mejor parte: "...Ahí quemaron tus alas, mariposa equivocada, las luces de Nueva Yooooork"... y el comentario que no podía faltar al final: "Mariposa equivocada!!!.... que verso!!!"

Luego, cuando ya estuvo en el hospital, tuvimos una larga conversación y, al final, me preguntó porqué lo queríamos tanto. Yo le dije que era por lo que significaba él en la vida de cada uno de nosotros y la forma en que nos había cambiado. "Lo que hace la poesía ¿verdad?" -me dijo-. Pero le respondí que no. Que la poesía siempre estuvo ahí, la diferencia la había hecho realmente él, habiéndose tomado de forma tan personal los desmanes de cada uno y viendo cómo canalizaba, a través de la poesía, todo el caudal de vainas que cada uno arrastraba. La poesía fue su herramienta. Entonces fue un momento bien emotivo y me dijo que sentía mucho orgullo... por todos nosotros... los de La Casa.

Miles de historias que  recordar en un día como hoy. Mucha tristeza... pero también mucho agradecimiento por habernos reunido a los de la casa y habernos dado una familia más. Por habernos escuchado y por hacernos tus amigos.

Te extraño Rafael...


Elegía

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.


Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.


Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.


Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.


No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.


Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.


Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.


No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.


En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.


Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.


Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.


Volverás a mi huerto y a mi higuera;
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera


de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.


Alegrarás la sombra de mis cejas,
y en tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.


Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.


A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata le requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Miguel Hernández

viernes, 13 de abril de 2012

T. S. Eliot. El entierro de los muertos





Abril es el mes más cruel, hace brotar

lilas del interior de la tierra muerta, mezcla

la memoria y el deseo, estremece

las raíces marchitas con lluvia de primavera.

El invierno nos mantuvo calientes, cubriendo

la tierra con nieve de olvido, alimentando

un poco de vida con tubérculos secos.

El verano nos sorprendió, pasando sobre el Starnbergersee

con una cortina de lluvia; hicimos un alto bajo la galería de columnas,

y continuamos a la luz del sol, adentrándonos en el Hofgarten,

y bebimos café, y hablamos durante una hora.

Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch1.

Y cuando éramos niños, pasando una temporada donde el archiduque,

donde mi primo, él me sacó en un trineo,

y yo estaba asustado. Él dijo, Marie,

Marie, agárrate fuerte. Y para abajo fuimos.

En las montañas, allí uno se siente libre.

Leo, gran parte de la noche, y voy al sur en invierno.


¿Qué son las raíces que se prenden, qué ramas brotan

de estos escombros minerales? Hijo de hombre,

nada puedes decir, o adivinar, ya que sólo conoces

un montón de imágenes rotas, donde el sol golpea,

y el árbol muerto no ofrece refugio, ni el grillo consuelo,

ni la piedra seca rumor de agua. Sólamente

hay sombra bajo esta roca roja,

(ven bajo la sombra de esta roca roja),

y yo te enseñaré algo diferente, tanto de

tu sombra en la mañana avanzando a tus espaldas

como de tu sombra a la tarde creciendo para encontrarte;

yo te enseñaré el miedo en un puñado de polvo.

Frisch weht der Wind

Der Heimat zu

Mein Irisch Kind,

Wo weilest du?2



"Tú me trajiste jacintos por primera vez hace un año;

ellos me llamaban la chica de los jacintos."

- Sin embargo cuando regresamos, tarde, del jardín de jacintos,

tus brazos llenos, y tu pelo húmedo, yo no podía

hablar, y los ojos me fallaban, no estaba

ni vivo ni muerto, y no sabía nada,

mirando en el corazón de la luz, el silencio.

Oed' und leer dar Meer3.


Madame Sosostris, famosa clarividente,

tenía un terrible resfriado, pero de todos modos

es conocida como la mujer más sabia de Europa,

con un mazo de cartas muy mordaz. Aquí, dijo ella,

está tu carta, el Marinero Fenicio ahogado,

(Perlas son estos que fueron sus ojos. ¡Mira!)

aquí está Belladonna, la Señora de las Rocas,

la Señora de las situaciones.

Aquí está el hombre de los tres bastos, y aquí la Rueda,

y aquí está el mercader con un sólo ojo, y esta carta,

que está en blanco, es algo que carga a la espalda,

que me está prohibido ver. No encuentro

al Colgado. Teme la muerte por el agua.

Veo multitudes de gente, dando vueltas en círculo.

Gracias. Si ves a la querida Mrs. Equitone,

dile que yo misma le llevo el horóscopo:

uno debe ser así de cuidadoso hoy en día.


Ciudad irreal,

bajo la niebla ocre de un amanecer de invierno,

una muchedumbre fluía sobre el Puente de Londres, tantos,

no tenía ni idea de que la muerte hubiera destruido tantos,

suspiros, cortos e infrecuentes, eran exhalados,

y cada hombre llevaba los ojos clavados un poco por delante de sus pies.

Fluían colina arriba y bajaban King William Street,

adonde Saint Mary Woolnoth daba las horas

con un sonido muerto en la última campanada de las nueve.

Allí vi a alguien que conocía, y le paré, gritando: "¡Stetson!

¡Tú que estuviste embarcado conmigo en Mylae!

Aquel cadáver que plantaste en tu jardín el año pasado,

¿ha empezado a retoñar? ¿Florecerá este año?

¿O ha perturbado su lecho la helada repentina?

¡Manten al Perro lejos de aquí, ya que es amigo de los hombres,

o con sus uñas volverá a desenterrarlo!

¡Tú! hypocrite lecteur! - mon semblabe, - mon frère!4"

La tierra baldía [1922]

martes, 27 de marzo de 2012

11 meses...


Te hablé de dimensiones, de anécdotas

De mentiras francas, de piratas

De fuegos sublimes en lechos de seda

De cuando ibas por la acera

y doblabas esquinas sin volver hacia nada...

Contenías siempre el llanto pero mirabas de frente

Con  el orgullo intacto de mujer que espera

De mujer que llora sin apagar las luces…



 11 meses... donde quiera que estés... te extraño.


jueves, 19 de enero de 2012

Vicente Huidobro

ALTAZOR

Canto II


El mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma

Al irte dejas una estrella en tu sitio
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro

¿Irías a ser ciego que Dios te dio esas manos?

Se pierde el mundo bajo tu andar visible
Pues todo es artificio cuando tú te presentas
Con tu luz peligrosa
Inocente armonía sin fatiga ni olvido
Elemento de lágrima que rueda hacia adentro
Construido de miedo altivo y de silencio

Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito

Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad

He aquí tu estrella que pasa
Con tu respiración de fatigas lejanas
Con tus gestos y tu modo de andar
Con el espacio magnetizado que te saluda
Que nos separa con leguas de noche

Sin embargo te advierto que estamos cosidos
A la misma estrella
Estamos cosidos por la misma música tendida
De uno a otro
Por la misma sombra gigante agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo
Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño

En vano tratarías de evadirte de mi voz
Y de saltar los muros de mis alabanzas
Estamos cosidos por la misma estrella
Estás atado al ruiseñor de las lunas
Que tiene un ritual sagrado en la garganta

Qué me importan los signos de la noche!
Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
Qué me importa el enigma luminoso!
Los emblemas que alumbran el azar
Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos

Qué me importa ese miedo de flor en el vacío!
Qué me importa el nombre de la nada!
El nombre del desierto infinito
O de la voluntad o del azar que representan
Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
O banderas de presagio y de muerte

Tengo una atmósfera propia en tu aliento
La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas
Con su propio lenguaje de semilla
Tu frente luminosa como un anillo de Dios
Más firme que todo en la flora del cielo
Sin torbellinos de universo que se encabrita
Como un caballo a causa de su sombra en el aire

Te pregunto otra vez
¿Irías a ser mudo que Dios te dio esos ojos?

Tengo esa voz tuya para toda defensa
Esa voz que sale de ti en latidos de corazón
Esa voz en que cae la eternidad
Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes

¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío
Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
Con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan

Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
De un Dios encontrado en alguna parte
Y al fondo de ti mismo recuerdas que eras tú
El pájaro de antaño en la clave del poeta
Sueño en un sueño sumergido
La cabellera que se ata hace el día
La cabellera al desatarse hace la noche

La vida se contempla en el olvido
Sólo viven tus ojos en el mundo
El único sistema planetario sin fatiga
Serena piel anclada en las alturas
Ajena a toda red y estratagema
En su fuerza de luz ensimismada

Detrás de ti la vida siente miedo
Porque eres la profundidad de toda cosa
El mundo deviene majestuoso cuando pasas
Se oyen caer lágrimas del cielo
Y borras en el alma adormecida
La amargura de ser vivo
Se hace liviano el orbe en las espaldas
Mi alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos
(Reconozco ese ruido desde lejos)
Cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de árbol
Eres una lámpara de carne en la tormenta
Con los cabellos a todo viento
Tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños

Mi alegría es mirarte solitario en el diván del mundo
Con tus ojos que evocan un piano de olores
Una bebida de paroxismos Una flor que está dejando de perfumar

Tus ojos hipnotizan la soledad
Como la rueda que sigue girando después de la catástrofe

Mi alegría es mirarte cuando escuchas
Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
Y te quedas suspenso largo rato

Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
Nada tiene entonces semejante emoción
Ni un mástil pidiendo viento
Ni un aeroplano ciego palpando el infinito
Ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
Ni el arcoíris con las alas selladas
Más bello que la parábola de un verso
La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma
Nacido en todos los sitios donde pongo los ojos
Con la cabeza levantada
Y todo el cabello al viento

Eres más hermoso que el relincho de un potro en la montaña
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quien salvar

Eres más hermoso que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración

Mi gloria está en tus ojos
Vestida del lujo de tus ojos y de su brillo interno

Estoy sentada en el rincón más sensible de tu mirada
Bajo el silencio estático de inmóviles pestañas
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos
Y un viento de océano ondula tus pupilas

Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia
A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida

Tu voz hace un imperio en el espacio
Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles en el aire
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito
Y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la eternidad
Y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados
Y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del éter
Y ese beso que hincha la proa de tus labios
Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?