jueves, 27 de marzo de 2008

Efeméride


En el mes de marzo de 1942, hace exactamente 66 años, murió en prisión y de tuberculosis, Miguel Hernández, poeta español. Solo tenía 31 años.

Por supuesto que la "Elegía a Ramón Sijé" es sin duda, su poema más notable. Sin embargo, me llegó el siguiente poema a través del Boletín de Libros en Red, que me gustó mucho y que se extrajo del libro Imagen de tu huella:

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos..

No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.

No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mí termina.

martes, 4 de marzo de 2008

Talleres literarios

A propósito de los talleres literarios, que nos llevó más de algún comentario luego de que se haya puesto en duda su utilidad para los escritores novatos, este día en el periódico digital El Faro, el Sr. Álvaro Rivera Larios, luego de hacer un marco teórico del nacimiento de las lecciones para aprender algunas cosas consideradas arte, como cocinar, hacer la guerra, debatir y hasta un arte de componer versos, hace algunas reflexiones interesantes. Todo el artículo lo puede encontrar aquí.

Sin embargo he destacado algunos párrafos relevantes. A propósito del nacimiento que tuvo esta práctica Rivera señala que:

"Quienes critican las escuelas para formar escritores, olvidan que hay una tradición milenaria en la enseñanza de los procedimientos literarios. Los talleres literarios actuales no han inventado nada, lo que han hecho es redescubrir, con nuevos enfoques tal vez, una vieja tradición. Dicha tradición, con su catálogo de figuras y procedimientos de estilo, demuestra que hay un componente del trabajo creativo que puede enseñarse. El conocimiento de esas reglas no concede el talento, pero le abre el camino del oficio a quien ya posee el don de crear poemas o historias."

Además, admite que los talleres de literatura no son bien vistos a diferencia de otras disciplinas:

"En la actualidad se admiten sin problema las escuelas de música, las academias de pintura, las escuelas de teatro, pero inexplicablemente se rechazan los talleres literarios."

Por otro lado, hablando sobre la técnica explica:

"Ese aprendizaje se da, aunque no produzca grandes escritores. Ya escribir correctamente supone la adquisición de una técnica que incluye el dominio de la sintaxis y de la estructura discursiva del texto. Dicho dominio implica la enseñanza de un saber y unos procedimientos (por parte del instructor) y un aprendizaje (por parte del discípulo). Nadie nace, aunque así lo sugiera la teoría del genio, con un conocimiento pleno y maduro de la sintaxis y del discurso y las figuras del lenguaje literario. Por mucho talento natural que posea el pastor es difícil que, sin el conocimiento de “la técnica”, pueda escribir “El fausto”."

Y al final hace una reflexión sobre como se debe dirigir un taller y la forma en que se debe asumir por parte de los "discípulos" (que fea palabra), o talleristas:

"Cada taller es un mundo y no siempre quienes lo impulsan tienen pleno conocimiento de lo que un taller exige desde un punto de vista pedagógico. La experiencia demuestra que no siempre un buen escritor es el mejor candidato para conducir un taller literario. Para llevar esas riendas hace falta una buena dosis de teoría (sobre figuras estilísticas y estructuras literarias) y talento para convertir esa teoría en problema técnico y en ejercicios de composición. En un taller pueden darse nociones de teoría literaria, pero es algo más que eso. Un taller es una instancia práctica, en la cual todo conocimiento teórico ha de orientarse hacia la actividad creadora. El centro del taller son los “ejercicios compositivos” y la evaluación continua, por parte de los talleristas, de su propio trabajo. Para adquirir el oficio hay que desarrollar la capacidad de evaluar críticamente la obra de los demás para aprender a distinguir de esa manera los aciertos y los errores en la propia obra. En el acto de “pulir” un texto se haya presente la mirada crítica.

Un buen instructor respeta la identidad literaria, por decirlo de alguna manera, de cada uno de sus alumnos. Partiendo de esa premisa, les mostrará modelos que les ayuden a depurar su propio estilo. También les dará criterios para que valoren las posibilidades de otras maneras de escribir.

La mayoría de los escritores actuales han aprendido el oficio de forma autodidacta y en esa medida su recelo hacia los talleres literarios es comprensible. Es normal que todos desconfiemos de la promesa de “Hágase usted escritor en diez lecciones”. Pero no seamos prejuiciosos, un buen taller nunca promete eso, ni es eso. Un buen taller es una instancia de estimulo al trabajo creativo en la cual los “discípulos” entran en contacto con los trucos y las exigencias de un oficio. El taller le será útil a quien tenga talento y a quien no lo posea le enseñará a redactar y a valorar el esfuerzo técnico que supone toda obra literaria."


Lo que se puede sacar de este artículo es que definitivamente el tema está en el aire y cuando se habla de algo es porque debe ser bueno. Como en todo, hay quienes defienden los talleres y siempre habrá alguien que esté en contra. Sin embargo, hay que dejar que los resultados demuestren quien tiene la razón. Una persona que haya asistido a un taller literario podrá opinar con mayor propiedad al respecto.

lunes, 3 de marzo de 2008

Silvio...


Bueno, debo aceptar que desde el concierto de Maná, no había puesto un pié en ese estadio y llegué preparada para empujar a medio mundo, sudar como loca y despertar sin poder pronunciar palabra, pero no fue así. Obviamente el público era bastante diferente y pues nos tocó en butaca y todo.
Hay varias cosas negativas y positivas que podemos sacar de ese concierto. Entre las negativas están que me sentí medio maltratada por no haberle podido ver bien el rostro al hombre. No pusieron ni una pantalla y apenas y enciendieron las luces para que pudiésemos salir. Además, el pelo en la sopa lo puso la alcaldesa... pero ese es otro rollo que no vale la pena mencionar.
Otro detalle es que no había un maestro de ceremonias, así que nos tocó adivinar quienes abrían el concierto.
También hay varias cosas positivas y es que la música nos tocó. A pesar que no cantó mi canción favorita: "Nuestro tema". Pero en esto, creo que la mayoría se quedó con el sin sabor de no haber escuchado algo que quería. El tipo tiene un repertorio enorme. Pero si cantó varias canciones "viejitas" y personalmente agradezco las aclaraciones que hizo con algunas de ellas.
Cosas curiosas:
- Desde banderas de Cuba y el FMLN hasta una de México! hasta muchas personas conocidas que me encontré que tenía añales de no ver y me sentí muy a gusto.
- Dedicó el concierto a Roque y a "Roquito"
- Dijo haber escrito la canción "Unicornio azul" para El Salvador.
- Hizo ligeros comentarios de que "al fin" estaba en El Salvador, etc.